9.1.08

El carnicero de Rostov...



κακοτυχία

"Yo soy un error de la naturaleza, una bestia enfadada".

La persona de la foto, con mirada muy al estilo "el silencio de los inocentes", es el ucraniano Andrei Romanovich Chikatilo, el asesino en serie más grande de la ya extinta Unión Soviética. El carnicero de Rostov, apodo que se supo ganar, fue condenado a la pena capital en el año 1994, acusado de asesinar por lo menos a 36 personas ( mujeres, jóvenes y niños mayormente).

A continuación, les ofrezco una parte de la historia de Chikatilo extraída de Wikipedia:

Nació en Yablochnoye, Ucrania, el 16 de octubre de 1936 , una pequeña aldea en tiempos de hambruna, cuando morían millones de personas cuyos cadáveres se amontonan en las calles y campos. Lo más cruel para el pequeño Andrei y su hermana era escuchar en el regazo de su madre como su hermano mayor, Stepan había sido raptado y devorado, aunque no era un caso aislado en aquellos duros años treinta. Este hecho marcaría notablemente al niño, quien se sentía en esos momentos más solo que nunca, de hecho no existe ningún documento que informe acerca del nacimiento o muerte de Stepan pero la manera en como su madre se los contaba hacia que la historia pareciera verídica.
En la escuela era muy introvertido, incapaz de aceptar su miopía (sus primeras gafas las tuvo a los treinta años), y hasta los doce se orinó en la cama. Siempre era humillado por los otros compañeros, cualquiera podía decirle lo que fuese, él se limitaba a escuchar y a aguantar. No era de extrañar que con el tiempo, su ánimo se llenase con las lágrimas contenidas y con todas esas injurias. A medida que iba creciendo, se hacía más tímido con las mujeres, hasta el punto de hacer fracasar su primer intento sexual, por eyacular en pocos segundos mientras abrazaba una chica, de ahí surgieron los primeros rumores de su impotencia.
Como todos los ciudadanos soviéticos sirvió en el ejercito y luego se dedicó a los estudios, obteniendo tres títulos: en lengua y literatura rusa , en ingeniería y en marxismo-leninismo.
En 1971 se graduó de maestro. Sentía una creciente atracción por las menores de doce años, y se colaba en los dormitorios para verlas en ropa interior mientras se masturbaba con la mano dentro del bolsillo. Más tarde Chikatilo se refugió en el estudio del comunismo , pero su fijación con el dogma político rayaba en la demencia.
A pesar de su problema, pudo encontrar una esposa, y aunque era incapaz de mantener una erección, sí podía eyacular. Logró alcanzar en contadísimas ocasiones la suficiente erección para dejar embarazada a su esposa, pero no dejaba de pensar, que la naturaleza lo había castigado castrándolo al nacer. Era un marido de carácter estable y trabajador, un padre que nunca levantaba la voz ante los hijos, un respetado miembro del partido comunista que leía los periódicos y se mantenía al corriente de la actualidad.
En la escuela en la que trabajaba, sus alumnos se reían de él, le apodaban "el ganso" porque sus largos hombros encorvados hacían que su cuello pareciese alargado, y por que lo tenían por tonto. Él no hacía nada por remediarlo, tampoco cuando le empezaron a llamar "afeminado", ni cuando le pegaban arrojándole una manta por encima o cuando lo sacaban de las aulas a patadas. Después de cierto tiempo le adquirió tanto miedo a los chicos que empezó a llevar un cuchillo a su trabajo.
Chikatilo mató por primera vez cuando tenía 42 años. Abordó en la calle a una niña de nueve años de edad y la convenció para que se fuera con él a una cabaña que poseía en las afueras de la ciudad. Sabía como hablar a los niños, él mismo había sido maestro y tenía a sus dos hijos. Una vez allí la desvistió con violencia. Accidentalmente, le hizo un rasguño del que brotó sangre, hecho que le propició una erección inmediata, estableciendo el vínculo fatal entre sangre y sexo. Luego, sacó un cuchillo y se lo clavó a la niña en el estómago. Con cada puñalada notaba que se acercaba más al orgasmo, por lo que no cesó de hacerlo hasta la eyaculación. Chikatilo había intentado satisfacer su necesidad sexual movido por la esperanza de llegar a ser igual que los demás, pero no lo era.
Su flacidez y las burlas de las mujeres que se lo recordaban a cada momento, era más de lo que podía soportar. También se dio cuenta de que su placer no consistía en acariciar los genitales ajenos, sino en maltratarlos.
Dos días después de este crimen la policía encontró los restos de la niña en el río Grushovka, y cerca de la cabaña de Chikatilo una gran mancha de sangre. Los policías interrogaron al hombre, pero acabaron inculpando a otro agresor sexual, Alexander Kravchenko. Chikatilo era, por las paradojas que marcaban sus actos, más dual que nunca.
Era el típico marido sumiso y asexual. Hacía todo lo que su mujer le ordenaba o casi todo. Ella solía desear los placeres del lecho con más frecuencia que él, y eso les llevaba a frecuentes discusiones, a que ella le recordase en todo momento lo taciturno e inerte que era. La acusación de haber molestado sexualmente a sus estudiantes le costó el trabajo, pero consiguió uno nuevo en una fábrica en el que tenía que estar viajando constantemente. Este constante movimiento le ayudaba a escoger sus nuevas víctimas.
El modus operandi era siempre el mismo, sus víctimas siempre se encontraban en los bosques, con indicios de violencia y sadomasoquismo, y en ocasiones les faltaban miembros a las víctimas. Se trataba de niños, niñas y chicas jóvenes. Entre ellos había muchos escapados de casa y retrasados mentales, pues se dejaban convencer más fácilmente y agradecían su ayuda en el laberinto del sistema de transportes local, con el que no estaban familiarizados. Los elegía entre la multitud en estaciones ferroviarias y en paradas de autobús, y con algún pretexto, los convencía para que lo siguieran a alguna zona boscosa. Una vez allí les infringía numerosas puñaladas (entre treinta y cincuenta). Casi todas las víctimas sufrían la mutilación de los ojos. A las adolescentes o chicas jóvenes les seccionaba los pechos o los pezones, ya fuera con sus afilados cuchillos o con los dientes. El útero era extirpado con tal precisión que todos los cirujanos de la provincia de Rosstov pasaron a ser sospechosos en potencia.
Mientras las violaba, se enfurecía tanto por llegar tan rápidamente al organismo que les machacaba la cara a golpes. Para ocultar su impotencia, a veces, con la ayuda de una ramita, colocaba el semen en la vagina de la víctima. En el caso de los niños, los atacaba nada más hallarse a solas con ellos en el bosque: un golpe para aturdirlos con las manos atadas y unos golpes de cuchillo poco profundos para establecer su dominio sobre ellos. Posteriormente los mutilaba a mordiscos, les cortaba los genitales o solamente extirpaba los testículos , que guardaba a modo de trofeo. En algunas ocasiones realizaba estas amputaciones cuando la víctima se hallaba aún con vida, aunque no consciente. En ninguno de los casos se encontraron las partes del cuerpo seccionadas en las cercanías de la escena del crimen.
Además practicaba actos de canibalismo , en sus declaraciones confesaría que le gustaba tragarse las partes del cuerpo más blanditas.
Fue arrestado por primera vez en el año 1984 pero al no coincidir su sangre sorpresivamente con la encontrada en la escena del crimen de una de sus víctimas lo dejaron en libertad.
El 6 de noviembre de 1990, un sargento llamado Igor Rybakov, vio surgir del bosque un hombre con traje y corbata. Mientras observaba cómo éste se lavaba las manos en la fuente advirtió que tenía un dedo vendado y una mejilla manchada de sangre. Le pidió los documentos y elevó un informe de rutina. Cinco días después encontraban un nuevo cadáver en ese mismo lugar el cual estimaron que llevaba muerto más o menos una semana.El homicida tenía que haber pasado por la estación, y el culpable no podía ser otro que el sospechoso del informe de Rybakov. Lo arrestaron el 20 de noviembre, sospechoso de haber asesinado a 36 víctimas, todos ellos mujeres y niños.

Por si su curiosidad no se ha saciado, la historia completa se encuentra en http://es.wikipedia.org/wiki/Andrei_Chikatilo o pueden poner el buscador el nombre "Andrei Chikatilo" y darle enter, ya que hay muchos sitios dedicados a brindar información sobre el famoso asesino.

Decidí darle espacio a la historia de esta persona ya que cuando la leí por primera vez no pude evitar tener dos sentimientos que hasta ahora me parecían casi antagónicos: Misericordia y Horror.
Fue humillado y maltratado durante toda su vida por sus seres queridos, no justifica sus atroces asesinatos pero no pude dejar de sentir misericordia por él. Me puse en sus zapatos y sentí hasta incluso lástima al leer las cosas que tuvo que soportar (Obviamente lástima es una fea palabra y su desdicha no justifica los asesinatos)
Por otra parte, las víctimas no tuvieron la culpa de todo lo explicitado anteriormenter. Fueron mutilados, golpeados y violados personas solo para satisfacer su sed de placer. Aquí entra el Horror. Recrear los asesinatos es algo que no le aconsejo a nadie, solo Hollywood sería capaz de hacerlo.
Para tener en cuenta a la hora de "juzgar". No olvidemos que esta clase de asesinos se mueve por sed. Muchos de ellos saben que lo que hacen está mal pero esto no es suficiente para detenerse. La palabra "correcto" se transmuta en "necesidad", se vuelven esclavos de dicha necesidad. Si algún familiar querido fuera asesinado por alguna persona no duden en que intentaría matarlo con mis propias manos. Intento también imaginar el dolor de los familiares de las victimas pero, es oportuno no olvidar el motor de los asesinos en serie y la justificación (al menos para ellos mismos) de sus actos.

No tengo nada más para acotar. Me gustaría saber que sentimiento pesa más para ustedes, si la misericordia o el horror.

Me despido, hasta la próxima!

4 comentarios:

acordeprometeo dijo...

Bravo...sin duda un post de bandera. Desconocía la vida y figura de este "killer", pero es sin duda, estremecedora. Me ha absorbido totalmente la historia. Difícil pregunta la que lanzas al mundo...misericordia u horror... Sentimientos dispares pero paradógicamente cogidos de la mano. La misericordia a veces se disfraza...y sin querer se transforma en horror...como un Mr. Hide.
En mi interior hay sentimiento de misericordia...pero diviso en el anaquel, apoyado en la balaustrada de mis entrañas un hondo pellizco producido por el horror.

Es un post muy bueno. Te agregué a mi blog...

Un abrazo...José Manuel. El rincón de Prometeo

·ΙΙ μαιευτικη ΙΙ· dijo...

Gracias José Manuel. Yo he hecho lo propio con tu espacio.

Abrazo para vos también camarada!

EMO dijo...

Generalmente estos casos particulares se suelen analizar desde puntos de vistas también aislados.
A pesar de que ha transcurrido demasiado tiempo desde que el hombre vive en sociedad moderna (de masas), todavìa no se han analizado estos tipos de fenómenos como debería serlo.
Solo se hace una suerte de debate aislado, rozando los prejuzgamientos morales y èticos segùn la conveniencia de cada sector que debate.
Este caso en particular debe abrir un verdadero planteamiento hacia las dos preguntas que reflejó la vida de este hombre.
La primera es ¿Cómo entendemos nuestra sexualidad y cómo la asociamos a nuestros objetos de atracción del placer sexual? ¿Encajan naturalmente con los impedimentos que obliga en la sociedad?
La otra sería relacionado al homicidio, ¿Es innato en la vida del hombre la necesidad de asesinar? ¿Y el canibalismo?

Son temas crudos de hablar, que afectan muchas sensibilidades, pero son focos de atención que pueden estar indicàndonos algo que estamos haciendo mal y que creemos que esta bien o viceversa

·ΙΙ μαιευτικη ΙΙ· dijo...

Emo: Si bien es enriquecedor plantear este tipo de interrogantes también hay que reconocer, para mejor o para peor, que al convivir en sociedad hay reglas que debemos obedecer. Muchas veces algunas de estas reglas son mas flexibles que otras, las sociedades constantemente están en apertura. Sin embargo temas como asesinatos o violaciones se han entremezclado tanto con lo que llamamos "mal" que parece que lo malo fue siempre así y que no es modificable. No intento defender al asesino en sí, solo intento analizarlo de la manera menos subjetiva posible.
Con respecto a lo innato o no, la opinión formada que tengo es que esa necesidad por matar se va desarrollando en base a las situaciones que atraviesa el individuo.
Por otra parte, cuando se ven este tipo de casos o también la falta de escrúpulos de los gobernantes a la hora de declarar guerras parecería que el ser humano es un ser violento y sediento de sangre.
Otro tema sería plantear si lo verdaderamente innato existe o son causalidades las que moldean a los individuos. Buen interrogante!!!