23.8.08

La guerra de los mundos...

αγορά

Los hechos del día anterior causaban asombro. Un grupo de personas fue a manifestarse a Plaza de Mayo ante una medida económica impuesta por el gobierno. Un grupo de piqueteros oficialista desalojó a los manifestantes por la fuerza. Hace mucho que el país no vivía hechos de estas características. El último que se recuerda es el asesinato del maestro Carlos Fuentealba, en Neuquén, el año pasado. En Capital Federal y explícitamente en Plaza de mayo, desde la caída de De la Rúa que no se observaba nada parecido.

El desalojo era distinto a otras manifestaciones ya que las fuerzas de seguridad no fueron las que intervinieron como normalmente se prevé sino que el que accionó fue un grupo aliado al gobierno nacional. Los medios representaban el hecho con una carga emotiva tal que auguraba una extensión a largo plazo del conflicto.

En los noticieros informaban que posiblemente en el día de hoy también se iba a congregar gente. Algunas personas partían al centro porteño en señal de protesta. La quietud que acostumbra tener la noche porteña estaba a punto de interrumpirse.

Se disfrutaba de un clima templado, ni frío ni calor. El aire se percibía un tanto húmedo, parecía que iba a llover. El cielo estaba adornado por un negro profundo. Al rato las nubes se disiparon y la luna llena logró liberarse. Parecía una noche de primavera más que de otoño.

Luego de una jornada agotadora. Al salir de la facultad, un extraño impulso corrió por todo mi cuerpo. La necesidad de presenciar los hechos era imperiosa. Abrí la puerta y me dirigí a la estación de colectivos situada en la calle Tucumán.

La media cuadra que separa la intersección entre Junín y Viamonte pareció interminable. En mi mente se disputaban el mandato dos fuerzas opuestas. Por un lado mi espíritu aventurero quería ir sin importar las consecuencias, hasta inclusive añoraba ver algún disturbio. Por el otro quería resguardar mi integridad. Si los dos grupos se encontraban nuevamente, podía salir herido.

Es llamativo como nuestra parte animal brota de los poros en los momentos más tensos. El ser humano parece tener una predisposición natural a la cercanía con la violencia. A pesar de mis ansias por sentir un poco de adrenalina, lo medité fríamente. Mi parte conciliadora me daba señales de alarma y me indicaba que lo más oportuno era llegar rápidamente a casa y ver los eventos por televisión, como había lo hecho la noche anterior.

Haciendo caso omiso a la auto-conservación decidí partir. Rápidamente corté la conversación de celular con una amiga que me indicaba que la cosa no pintaba para nada bien en Plaza de Mayo. Había visto en las noticias que la gente se volvía a reunir y, alarmada, me pidió que me cuidara. Parecía que no iba a ser una noche tranquila.

La tensión se sentía en el aire. El cuadro de la gente en la calle era similar a las películas del lejano oeste, cuando los cow-boys se preparan para el duelo y los pueblerinos huyen despavoridos. El murmullo silencioso hasta parecía ensordecedor. La gente parecía temerosa, como queriendo llegar rápido a sus casas, más que de lo de costumbre. Todos sabían de la convulsión que se aproximaba.

Esperé pacientemente. El 99 era uno de los colectivos más directos que me podía llevar a destino. Además, el recorrido del colectivo aportaba un plus extra ya que corta la 9 de Julio, uno de los lugares adonde debía arribar. No tardó en llegar. Solo esperé 15 minutos. Antes de subirme lo volví a pensar unos segundos una vez más. Cuando estuve a punto de declinar ya había subido enérgicamente los escalones.

El colectivo estaba poblado por un puñado de personas que para nada compartían el lugar de destino al cual ansiaba ir. Parecían estar en otra cosa. Una pareja miraba por el vidrio muy plácidamente. Parecían desconectados de todo o al menos, no tan conectados que muchos. La mujer apoyaba su cabeza en el hombro de su pareja, parecía sedada. Su mirada desprendía una tranquilidad que para nada tenía que ver con el contexto. Un señor se sonaba la nariz y charlaba con su mujer, tampoco parecían muy alterados. La señora le comentaba lo que había charlado en la peluquería con sus amigas. El marido no le prestaba mucha atención. La miraba unos segundos, más por obligación que por otra cosa, y volvía a girar la cabeza para el lado de la ventanilla.

El más entusiasmado por llegar era yo. Por un momento recordé una película de guerra en donde los soldados iban en camión al campo de batalla. De esa manera me sentía; pero no como guerrero, sino como cronista de guerra. Sentía que debía ir como si fuera un deber ciudadano, no para apoyar ninguna postura sino para escuchar ambas y sacar conclusiones por mí mismo.

El viaje fue tranquilo, hasta diría que fue placentero. A pesar de que me encontraba ansioso como niño esperando la navidad, disfruté esas 30 cuadras. Nadie va pensando que su vida corre peligro. Yo ese recorrido lo disfruté como si así lo fuera por las dudas, nadie sabe que puede pasar en hechos como estos.

A diez cuadras se oía el ruido de las cacerolas. El timbre suena, el colectivo se detiene lentamente y un señor sonríe al bajar. Un portero le cuenta a uno de los vecinos el origen del ruido: “Están reclamando igual que por lo de ayer, armaron un tremendo quilombo”. El colectivo me dejó sobre Viamonte y Cerrito. Llegué a la esquina y doblé a la izquierda.

La 9 de Julio, la Avenida que se jacta de ser la más ancha del mundo, estaba ocupada por centenares de personas. Antes de partir ni imaginaba la cantidad que mis ojos contemplaban. Sorprendido por el espectáculo que se presentaba comencé a mezclarme entre la gente. Un sinfín de ruidos de cacerolas, bocinas de auto y alaridos infestaba al ambiente. Banderas de Argentina, gente pintada y hasta vendedores ambulantes, que intentaban ganarse el pan del día, estaban presentes en el lugar.

Se veía mucha gente joven, adolescentes en su mayoría. Algunos de ellos hablaban por celular o mandaban mensajes de textos. Uno de los concurrentes, un joven de aproximadamente 20 años, alto y robusto, le indicaba a su grupo de amigos la locación exacta de su paradero: “Estoy por acá, a 4 cuadras del obelisco, bolu.. esto es increíble” expresaba emocionado. La verdad que era entendible, desde el mundial 98 que no se vivía un clima así. El reclamo era al unísono: “No a las retenciones”. Era una especie de recital enorme pero si en el grupo de rock y con un tinte estrictamente político.

Cuando más me acercaba al obelisco, más lento se volvía el paso. No era difícil chocarse con gente que iba y venía, con cacerolas o sin ellas, de la mano de alguna pareja o en solitario, todas conglomeradas bajo el mismo sentimiento colectivo. Un grupo de amigos se sacaba fotos como si estuvieran en una excursión en Bariloche. Uno de ellos fue vestido con un poncho y boina, hasta se llevó el mate para compartir. Parecía salido del Martín Fierro.

Uno de los concurrentes había llevado un megáfono. Se lo notaba motivado a dar un discurso político. La gente estaba tan extasiada que prácticamente la voz decoraba al ambiente. Los cánticos y los murmullos cada vez eran más fuertes ya que más y más gente llegaba al Obelisco.

De un momento para el otro una enorme masa de personas comenzó a migrar para el norte, para el lado de la Avenida Córdoba. Otros continuaban establecidos en los pies del obelisco. El del megáfono seguía hablando y de vez en cuando incitaba a las personas a levantarse por medio de cánticos de cancha pero, lamentablemente para su fantasía, los que estaban alrededor no le prestaban atención.

Rápidamente la cola de gente llegó a extenderse durante 4 cuadras. Desde Lavalle hasta Córdoba, la 9 de julio se encontraba copada por una gran caravana de personas que seguía migrando para el norte.

Mientras decidía mi próximo destino uno de los estudiantes le comentaba a otro que había escuchado algo en la radio. El “bando” contrario acampaba en la Plaza de Mayo y había sospechas de que los iban a venir a buscar como pasó la noche anterior. El temor que tenían era que se generen hechos de violencia que opacasen la protesta, hasta el momento pacífica. El grupo oficialista de manifestantes se encontraba a tan sólo 8 cuadras, el advenimiento se podía dar en un abrir y cerrar de ojos.

Muchos por miedo comenzaron a irse con el grueso de manifestantes que se dirigía para la Av. Santa Fé. Otros se negaban alegando que no tenían por que irse. Decían que no tenían miedo y además que no estaban haciendo nada malo.

Decidí que era más enriquecedor ver la otra cara de la moneda. Los que estaban en Plaza de Mayo parecían ser más hostiles y violentos que el que se asentaba en zona norte, o al menos, eso mostraron los medios del día anterior.

Crucé la 9 de julio y tomé la Diagonal Roque Sáenz Peña. Había personas que iban en dirección a los manifestantes congregados en obelisco. No eran más que dos o tres. Venían con vino y cerveza. Se reían a carcajadas y parecían desilusionados como si se tratara de una fiesta aburrida.

Cuando me aproximaba a Plaza de Mayo el ruido de los bombos se hacía más y más fuerte. Imaginaba, como en el caso anterior, la cantidad de personas con las que me iba a encontrar. Los ruidos de bombo me hacían acordar al ruido que se oía en las guerras medievales cuando los dos ejércitos efectúan gritos y alaridos para intimidar al contrario. El ruido que salía de la Plaza me parecía mucho más intimidante que el de las cacerolas, era mucho más ensordecedor.

A pesar de los tambores que golpeaban con fuerza, el paisaje mostraba lo contrario. La Plaza, a diferencia del Obelisco, estaba poblada por menos de 100 personas. A pesar de esto el ambiente no dejaba de ser colorido. Agrupaciones sociales como el Movimiento Evita o la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) se plantaban en el lugar con sus banderas y cantaban canciones de apoyo al gobierno. Coreaban cosas como: ¡“El pueblo, unido, jamás será vencido!” o “¡pueblo si, colonia no! Los cánticos se hacían sonar constantemente.

El contraste de personas entre ambas marchas era inmenso. Mientras que en una se vestían con jean, zapatillas de marca y con un corte de pelo prolijo, en la otra predominaban las zapatillas, en su mayoría rotas, joggins y la remera de la agrupación a la cual pertenecían; los hombres llevaban la barba crecida y el pelo marañado. Todo parecía conjugarse en dos perfectos polos opuestos, casi no se percibían en rasgos generales, grises.

Ante el poco movimiento comencé a recorrer el lugar y a observar lo que pasaba a mí alrededor. Una conversación entre un señor mayor y otro hombre llamó mi atención. El señor mayor intentaba conciliar con la postura de la gente del Obelisco y el otro, peronista ferviente, tenía una visión mucho más dura de los hechos. El hombre contaba que de su jubilación de 8 mil pesos, este gobierno se la había reducido a 3 mil. El otro se burlaba aduciendo que 3 mil pesos era mucho dinero.

Más dura que la postura era el tono de voz de este hombre. Cuando el hombre mayor acotaba algo, casi sugiriendo, el otro comenzaba a gritar, hasta el punto que se ponía todo colorado. Evocaba risas en todos los que estaban alrededor ya que decía frases como: “Hay que ir y sacarle las camionetas” o “¡Claro! se quejan pero andan en 4x4, ¡hay que sacárselas!”.

Con el correr del tiempo el debate se fue haciendo más extenso hasta que, en un mirar y cerrar de ojos ya había 15 personas que se disponían a opinar. Un programa de televisión notó esto y comenzó a grabar lo que estaba sucediendo. En un momento dado, una de las personas que participaba del debate dijo que estaba de acuerdo con la medida de presidenta pero que “en vez de comprarse trajes caros tenia que darle de comer a los pobres”. Sin duda alguna un aventurero. Uno de los que formaba parte de la Agrupación Evita se acercó furioso y rápidamente lo echó de la plaza.

Al rato se escuchan unos aplausos, D´ Elia había arribado a la plaza. El dirigente de la CTA comenzó a saludar a sus compañeros que lo recibieron con besos y abrazos. La plaza giraba en torno a la decisión de esta persona. Solo lo había visto en televisión por lo que era extraño tenerlo cara a cara. Medía aproximadamente 1,70m, estaba vestido con una camisa a rayas, jean azul y zapatos. Iba acompañado 8 hombres de una contextura física imponente y con cara de pocos amigos. Sin duda alguna los que lo acompañaban provocaban mucho más miedo. Ante el acercamiento de algún extraño hacia su líder estos lo increpaban rápidamente indagando el motivo de dicho acercamiento.

Al rato los periodistas se posicionaron para entrevistarlo. Las preguntas giraban en torno a los incidentes de ayer. El siempre aludía a que desalojó por las fuerza a los manifestantes “por el bien de la patria”. Catalogaba la ocupación en defensa “de la soberanía” acusándolos de imponer un “lockout patronal”. Lo repitió con cada periodista que lo entrevistó.

Al cabo de unos minutos le suena el celular. El dirigente pide que hagan silencio para escuchar mejor a su interlocutor. En ese momento estaba expectante, esa llamada contenía los acontecimientos que se podían desatar en toda la noche. Solo escuchó atentamente, afirmó varias veces y cortó. Luego le indicó a la gente que se iban a mantener en la plaza y que ese era el único objetivo que tenían, se los informó también a varios periodistas que se acercaron a consultarle.

Me quedé cerca de D´ Elia para ver si podía escuchar algo interesante pero no, solamente se reía con sus compañeros y daba notas a los medios. El mismo programa de televisión que capto el debate se acercó a hacerle unas preguntas. Una ronda se formó alrededor del dirigente. “Bueno estamos acá para detener al lockout económico que intentan imponer los Pooles de Siembra y las clases adineradas de este país” volvió a manifestar D´ Elía.

Siguieron hablando por un rato hasta que el hombre mayor, que utilizaba como argumento el recorte en su jubilación, pidió hablar. Los que participaron del debate improvisado ya veían venir lo que tenía para decir. “Disculpe señor D´ Elia”, acotaba tímidamente el señor, “Yo soy jubilado y a mí me correspondían 8 mil pesos pero el gobierno me lo redució a 3 mil”. La silbatina fue casi automática. Ni siquiera el dirigente piquetero tuvo que contestarle ya que los acompañantes lo callaron rápidamente. Igualmente el dirigente piquetero acompañó la silbatina con gestos. Sus cejas se levantaron, miraba para otro lado y levemente toda su cabeza se movía de izquierda a derecha como anulando el comentario.

Luego del pequeño incidente, la entrevista continuó hasta que otra persona irrumpió en la conversación. Una mujer de unos 23 años aproximadamente empezó a atacar al gobierno. Intercambió dos o tres palabras con el dirigente oficialista y este, mostrando fastidio, rápidamente dejó la conversación y se fue caminando para otro sector de la plaza. Mientras él y sus dirigidos se iban, estos le decían todo tipo de injurias pero la chica no cesaba su discurso.

En un momento dado el grupo de televisión decidió entrevistar a la mujer pero cada vez que se disponía a hablar otro grupo, que había quedado cerca y que apoyaba la postura de D´ Elía, la insultaban interrumpiendo la nota. Uno de los entrevistadores pidió reiteradas veces que la dejen hablar pero ante la negativa de los piqueteros, tomaron rápidamente la cámara y se fueron, por cierto molestos, por no haber podido cumplir con su trabajo.

Las cámaras se fueron, pero un par de personas que estaban ahí se quedaron dialogando con la chica. Contaba que era maestra y que le molestaba que el Gobierno tenga un doble discurso. Las demás personas, esta vez de manera más pacífica, dialogaban y argumentaban en contra y a favor como si se tratara de una asamblea en la Antigua Grecia. La charla se extendió por un par de horas más, hasta que finalmente varios decidieron irse a sus casas.

Eran ya las 12.30 de la noche y la plaza se encontraba semi-vacía. Quedaban un par de personas que charlaban pero nada comparado a la cantidad que había horas atrás. El recorrido fue largo y a pesar de que no hubo disturbios como era esperado, mi objetivo había sido cumplido. La plaza ya se encontraba nuevamente en silencio. Luego de que la disputa terminó, volvía a quedar a disposición de los vecinos de la zona. La guerra de los mundos terminaba de librar su segunda batalla.

No hay comentarios: