24.10.08

Friedrich...

Selbstmord

Me veo rodeado por ángeles de perdición. Intento escribir para refugiarme en el último intento de recuperar mi humanidad. Ya están a las puertas.
La puerta de madera truena una vez, dos veces. Murmullos invaden la habitación. Provienen de hombres que poco tienen de inteligentes. Son los perritos falderos del Leviatán. Este muy de vez en cuando los alimenta con unas míseras monedas.
Mientras tanto yo sigo escribiendo, deleitándome con lo que pude haber sido. Más grande que cualquiera, tan grande que pude dar sombra a todo el continente americano. Los perritos golpean la puerta cada vez más fuerte.
Las barreras de la moral les impide ser inteligentes. Si me preguntan, la moral es un invento mundano para atarnos como a los perros que vienen por mí. Me siento un incomprendido, ¿Porque no respeto a las leyes soy maligno? ¿Acaso soy un monstruo por no ser igual a todos? Sí, lo soy. Soy un monstruo, un error de la humanidad confeccionado por miles de años de sociedades humanas. Estas mismas sociedades se condenan a sí mismas, y si bien las reglas son para todos, absolutamente nadie se siente dentro de ellas. Nos reunimos para estar más protegidos pero no hay un solo miserable que se sienta resguardado. Los que tienen dinero se aislan, los que no son los miserables, los abominables errores del sistema. Somos todos abominables. Lo que tenemos de bellos es opacado monumentalmente por lo monstruoso de nuestra especie. Muerte, desolación y demás.
Finalmente puede percibir la silueta del arma que va a acabar conmigo. Se encuentra encima de mi escritorio, justo donde lo necesitaba. Mientras escucho a la puerta destrozarse y los lacallos se acercan, la tomo rápidamente. La bendigo por ser mi escape de la nada. Miro el techo, observo madera carcomida por las termitas. Es curioso que busque una sola razón para no hacerlo. Curiosamente la razón misma es la que me conduce a tan marchitado fin. Dudo unos segundos.
¡Pam!
Jaja, que tremenda ironía. Los ruidos de la puerta eran una creación de mi insanidad. Demasiado tarde.

"El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo".

Friedrich Niezstche

FIN

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