17.1.12

Trotamundos: Florencia...

Pasamos el día en Roma y luego nos dirigimos a la estación de Tren Termini para partir a Florencia, la ciudad del Renacimiento.
El tren partió alrededor de las 14:00 hs. y llegó a la ciudad tres horas después. Ya era de noche y nos encaminamos al hotel que estaba a seis cuadras de la estación, cerca de la Porta del Prato. Llegamos, dejamos las cosas y volvimos rápidamente a la ciudad a recorrer sus calles. Esta vez no lo hicimos solos ya que mi novia invitó a Gustavo, un joven mexicano que salía del hotel al mismo tiempo que nosotros.
Mientras caminábamos a orillas del río Arno, Gustavo nos contaba la situación de México. Hablábamos de
política y gente entre otras cosas.
Mientras charlábamos, todos
notamos la impronta de la elegancia florentina mucho más refinada y excéntrica que la romana. Esa elegancia se notaba en los arreglos de la ciudad y en los artículos de las tiendas de ropa. Recorrimos la ciudad en poco tiempo y pasamos por el Ponte Vecchio, el Palacio Vecchio, el Duomo de la Basílica de Santa María de Fiore y la Capilla de los Medici entre otros lugares. Quedábamos atónitos al contemplar el trabajo de Bruneleschi y la magia de Ghiberti y sus Puertas del Paraíso. Caminábamos donde se había originado el renacimiento de la cultura y donde el hombre volvía a ser el centro del universo y el portador de la belleza como lema. Eso nos dejaba pasmados con tan sólo pensarlo.
Paramos a comer y degustamos lasagna florentina, pizza y arroz con pollo. Luego retomamos la marcha y nos desconcentramos tanto hablando con el joven mexicano que nos perdimos. Después de deambular unas cuadras nos dimos cuenta que estábamos en la Plaza de la Independencia así que, ya ubicados, volvimos al hotel después de contemplar una bella ciudad más pequeña que Roma pero no por ello menos hermosa.
A la mañana siguiente desayunamos pero no encontramos a Gustavo y como partíamos a la noche salimos a recorrer la ciudad sin él.
Nuestra primer parada fue la famosa escalera del Duomo y sus 463 escalones. Pagamos los 8 euros de entrada y empezamos a subir los peldaños. La subida en espacio angosto y unos peldaños que cada vez se hacían más verticales se hizo bastante dura. El tramo no es uniforme ya que los peldaños desembocan en distintos descansillos hasta llegar al pasillo vidriado que da al interior de la Basílica. Las personas parecen meras hormigas desde esta ubicación. Sin embargo ese no es el final del trayecto. Continuamos hasta la última etapa donde la subida prácticamente es vertical.
Llegamos sin aire pero la subida rindió frutos. La vista de la ciudad desde la parte superior de la Basílica es impresionante. Se puede contemplar
la mayoría de los lugares reconocibles y que habíamos visitado la noche anterior. Los techos rojos de las casas, característicos de la ciudad, son un viaje directo al renacimiento.
Bajamos y nos dirigimos a la Galería de la Academia. Contemplamos un buen rato las pinturas y esculturas florentinas y nos encontramos con el David de Miguel Ángel. Impresiona como las proporciones del cuerpo humano están tan bien aplicadas en una creación con un tamaño tan grande.
A continuación pasamos nuevamente por el Ponte Vecchio y nos encaminamos a la Piazza Michelangelo donde, según nos dijeron, se podía obtener una buena vista de Florencia. Y así fue, la panorámica no defraudó. El lugar se encontraba repletos de turistas tomándose fotos.
Ya era tarde y nuestro tren salía a las 6 de la tarde. Retornamos al hotel para tomar nuestras valijas. Antes de partir a la estación, charlamos un buen rato con el que atendía el hotel. Nos contaba que la crisis hizo bajar los precios y que el euro encarecío mucho el costo de vida. Sin embargo el hombre no mostraba preocupación ya que el turismo en Florencia es continúo y se equilibraba, ya que si bien había bajado la cantidad de turistas norteamericanos que visitaban la ciudad, los visitantes chinos no paraban de incrementarse.
Arribamos a la estación y nos dirigimos hacia nuestro próximo destino: Venecia.

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