2.1.12

Trotamundos: Más de Madrid...

A la vuelta de la visita a Toledo, nos fuimos a nuestros respectivos hoteles. Quedamos con el en ir a cenar. Es que Martín por la mañana salía hacia Londres. Nuestros caminos, breves pero enriquecedores, se separaban así como se unieron.
A modo de festejo fuimos a cenar al "Museo del Jamón", un lugar con aire a pizzería porteña, pero con ofertas de todo tipo de embutidos y mariscos. Por las calles se ve que es popular el sandwich al paso. Decenas de clientes comían de parados, distintos tipos de "bocadillos", nombre local del sandwich, con variadas clases de fiambres. Un bocadillo en promoción cuesta 2 euros dependiendo del lugar. Durante la cena, algunas de las cosas que más me llamaron la atención de la cultura gastronómica de Madrid es que el pan se cobra aparte, 2 euros, y el tamaño en que viene la Coca-Cola, 200 ml. (amantes de la gaseosa abstenerse).

Luego de la cena nos dirigimos a la Puerta del Sol y luego hacia la Puerta de Alcalá. El paisaje nocturno en Madrid sin dudas es increíble. La iluminación de los edificios rivaliza con cualquiera del mundo. La ciudad se presenta muy diversa ya que algunos barrios, como se describió en posteos anteriores, goz
Mientras estábamos en la Puerta del Sol, desenvainamos un vino espumante que nos había regalado la posada y brindamos, tal vez para desearnos un buen viaje en lo que estaba por venir y en agradecimiento por el tiempo compartido. Pasamos un tiempo sacándonos fotos en la Puerta de Alcalá y finalmente nos dirigimos hacia su hostel. Allí nos despedimos y Martín antes de irse nos dió un obsequio, una pulsera de la agrupación solidaria de la que formaba parte: Villa Luro Solidario.an de calles angostas y diagonales, mientras que otros ofrecen avenidas anchas y edificios imponentes.
Una asociación que tenía tan solo un día y medio de duración (pero que parecía mucho más) llegaba a su fin. Con una sonrisa en nuestros rostros, de esas que solo los que están lejos de casa suelen entender, retornamos al hotel a dormir.

A la mañana siguiente nos levantamos y fuimos a hacer un envío al correo. El sistema suele ser bastante parecido al de Argentina, sólo que la sucursal a la que fuimos tenía muchos más empleados de los que estamos acostumbrados. No es por menospreciar pero los madrileños no poseen la agilidad que el porteño necesita. La señora que nos atendió casi hace un escándalo por detalles que en Argentina son moneda corriente como que pesen el paquete o que la guía del envío no esté completa.
Luego de eso fuimos a recorrer varios lugares de la ciudad. La caminata se extendío por nueve horas entre el Palacio Real y los jardines de Sabatini (admirables ambos), el edificio de la Armada, y otros más. Utilizamos para llegar a algunos de éstos el Metro Madrileño. Mucha organización, cientos de estaciones y tecnología aplicada. Sin dudas muy práctico y eficáz. Mi opinión personal es que, más allá de que el servicio madrileño es más eficiente y abarca una red más amplia, el subte argentino no tiene mucho que envidiar. Llámenme nacionalista o simplemente loco.

La travesía terminó en lo que todo futbolero quiere hacer: visitar el Santiago Bernabéu. Si bien la zona del estadio es interesante ya que hay grandes edificios como el del Banco BBVA y la Avenida es espectacularmente ancha, muy similar a la 9 de Julio, el hogar del Real Madrid tampoco es tanto como uno supone (es necesario destacar que no hice el tour del club ya que costaba 16 euros y decidí salvaguardarlos para otra cosa).
Después de tanto andar buscamos
algo para comer y retornamos al hotel. Debo decir que Madrid es muy parecida a Buenos Aires salvando distancias y que el madrileño promedio también es similar al Argentino. Son más ordenados y avanzados en insfraestructura pero la idiosincrasia en cuanto objetivos de vida y valoraciones es muy similar al porteño. Lamentablemente no quedaba mucho tiempo para seguir apreciando los detalles. Eran nuestros últimos momentos en la Capital Española.
Atenas estaba a la vuelta de la esquina...

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