9.1.12

Trotamundos: Roma...

El vuelo de Atenas salió aproximadamente a las 12.50 y una hora y media más tarde ya estábamos aterrizando en la capital italiana. Es desconcertante lo pequeño que Europa puede ser para los viajes.
Como aterrizamos en el aeropuerto de Fiumicino debimos pagar 8 euros para llegar al hotel, situado cerca de la estación de trenes de Termini. El trayecto en autobús demoró unos 40 minutos aproximadamente.
Al bajar del vehículo notamos que las cercanías de las estaciones de trenes se parecen bastante en todo el mundo, inclusive en "el primer mundo". En las cercanías de la estación los "sin hogar" se peleaban y divulgaban mientras la gente que pasa ignoraba la situación.
Llegamos a la puerta del hotel. El corredor parecía abandonado. El techo tenía agujeros, la escalera parecía carcomida y la cara de mi novia se iba transformando a medida que daba un paso.
El hotel se situaba en el segundo piso. Nos encontramos con una entrada bien remodelada, en contraste al hall y la escalera. Tocamos timbre y entramos. Un corredor angosto, nos llevaba a la oficina de la persona a cargo. Una joven, de unos 25 años aproximadamente, nos mostró la habitación y como eramos nuevos le preguntamos las condiciones de seguridad del barrio. Nos informó que había que andar con cuidado con los hurtos de carteristas pero aseguró que el robo a mano armada "en Italia no existe". La última información nos alivío.
La habitación del hotel era muy pequeña, tanto que podíamos oir murmullos de las otras habitaciones. Le jugaba a favor que estaba bien equipada con aire frío calor, televisor LED con cable satelital, una notebook y conexión wifi. Dejamos las cosas y rápidamente nos dedicamos a recorrer la ciudad.
Debo decir que Roma distaba mucho a el modo en como me la imaginaba. Tal vez armé el modelo de ciudad dentro de mi mente a cómo se la presenta en la antiguedad y en algunas películas: muchos techos encimados y edificios como el coliseo destacando por sobre los demás. Al contrario, los edificios son monumentales. Las iglesias, muchas, ostentan grandes cúpulas y columnas mientras que las avenidas cortan y terminan en algunos edificios. Las calles, muchas con empedrados, se pierden y forman callejones que a su vez desembocan en plazas. Uno puede caminar por un callejón sin salida hasta salir a un claro de gente contemplando un edificio monumental, como es el caso del Panteón y su despampanante cúpula. Roma es la ciudad de los grandes recovecos en donde los callejones coexisten y se funden con las plazas y avenidas monumentales.
Recorrimos la ciudad a pie durante 6 horas. Visitamos el ya mencionado Panteón, Piazza Navona, Piazza Colonna, Piazza Augusto, Piazza di San Marco y la ostentosa Fontana di Trevi. Recorrimos también las vias Beduina y vía del Corso, adornadas ambas de hermosas luces. Le dimos una visita fugaz al gran Coliseo y vimos de afuera el foro romano. Después de tanto andar decidimos alimentar cuerpo y espíritu, necesitados después de tanta actividad.
Paramos en un restaurant cerca de la Vía del Corso y pedimos dos pizzas acompañadas de gaseosas. Abonamos en total 18 euros, sin propina incluida. De la pizza italiana debo decir que es masa y salsa con un poco de queso. En Argentina estamos acostumbrados a porciones más generosas de queso. Otro detalle es que no existe propiamente la pizza de muzzarella. Para el hambre que teníamos estaban más que bien.
Después del festín, retornamos al hotel por la Vía Corveur, atravesamos la Piazza del Cinquecento y volvimos al hotel.
El primer día en Roma, breve pero intenso, llegaba a su fin.

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