19.12.12

Trotamundos: Londres - Llegada y Día 1...

Luego de varios días de estadía en Marbella, nos dirigimos hacia el aeropuerto de Málaga con destino a Londres. Nos acompañaba un guía de turismo de lujo, Hernán, el tío de mi novia. Dejamos el auto en los "estacionamientos para viajeros". Así lo llamo yo ya que por una suma relativamente pequeña el servicio incluye alojar el auto por los días que dure el viaje y traslado al aeropuerto tanto en la salida como en la vuelta.
Teníamos gran expectativa. Nos acercábamos a la manga del avión. Un grupo numeroso de estudiantes estadounidenses delante nuestro "musicalizaban" la departura al vuelo. Se reían, hacían chistes y rompían las reglas del vuelo ya que algunos llevaban escondidas mochilas que pasaban el límite de bultos de pasajero. Paralelamente al espectáculo, Hernán me indicaba que los vuelos de Easy Jet no están numerados. Lo que vino a continuación fue algo similar al juego de la silla. Gente corriendo, sentándose súbitamente, parejas separadas por el circo de movimiento y confusión. Después de aceptar la idea de que no iba a existir la posibilidad de estar todos juntos tomé el primer asiento que vi. Hernán y mi novia siguieron caminando por el pasillo hasta que finalmente los perdí de vista. Cómo compañero de asiento tenía a dos jóvenes orientales. Es llamativa su pasión por la tecnología. En no menos de 30 segundos sacaron 3 artefactos (reproductor de música, celular, tablet) con pantallas táctiles que alumbraban sus caras como fuegos artificiales electrónicos.
Vino la danza de la explicación de los elementos de seguridad. En mi cabeza corría la idea de lo extraño que sería repetir para los tripulantes de cabina repetir el procedimiento 3 o 4 veces al día. En fin, trabajos son trabajos. Decidí escuchar un poco de música y leer algo en las 3 horas que duró el viaje.
Nuestro avión aterrizó en el aeropuerto de Stansted, ubicado a 48 km. del centro de Londres. Ya nos esperaba Analía, amiga de Hernán, que nos llevó a nuestro hotel. Al ingresar al auto se dio nuestro primer encuentro con el "British Way of Living", el famoso asiento de conductor a la derecha. Fue curioso ver a Hernán sentado en la izquierda. Sus manos no sabían que hacer. Era cómo si pidieran explicaciones sobre la falta de volante en ese lado.
Analía nos dio un tour rápido por Picadilly Circus, El puente de Londres y Covent Garden hasta llegar a Paddington, donde se ubicaba nuestro hotel.
Eran ya cerca de las 23 hs. Entramos en nuestra habitación. Para describirla yo la llamaría como "habitación de estudiante londinense" por sus terminaciones de madera con el agregado de baño de autobús. Toda la casa era una residencia adaptada ya que los baños dentro de la habitación eran incrustados y muy similares a los de los trenes o autobuses.
Nos levantamos a la mañana. Desayunamos y salimos camino a London Bridge. El segundo encuentro con el "British Way of Living" fue intentar cruzar. Además de manejar por la izquierda y tener lineas paralelas puntiagudas en vez de bastones perpendiculares como señalización de cruce peatonal, el curso de los carriles también está invertido. Mientras que uno espera a los autos por la derecha, estos vienen por la izquierda por lo que varias veces uno rescató al grupo de ser atropellado. Miramos un mapa que compramos en una tienda y nos dirigimos al Underground. Tardamos unos minutos en entender la organización del mismo, una especie de recorrido subdividido en distritos circulares hacia afuera. A medida que uno se alejaba del centro la tarifa se encarecía. Pagamos la módica suma de 7 libras y entramos en la estación de Paddington. Subimos al vagón. Mientras Hernán se disponía a sacar fotos artísticas (mi miedo a que lo tomen a golpes crecía minuto a minuto) yo me disponía a observar a la gente. Es llamativo lo concentrado y respetuoso del londinense al viajar. No se escuchaba el más mínimo ruido. Un hombre leía el periódico tranquilo, otro observaba el recorrido del tren. En Londres se viaja con calma.
Llegamos a Buckingham. Nuestra intención fue ver el cambio de guardia. Caminamos por una avenida hasta que escuchamos a una banda de la guardia real que iba a paso rápido. Decidimos seguirlos. Llegamos a la puerta del palacio y cientos de personas ya se encontraban apostadas en las rejas exteriores del palacio. Vimos como pudimos el cambio de guardia. Sincronización perfecta e inmutabilidad, la forma más corta de describirlo.
Luego nos dirigimos hacia Westmister. A pesar de que la ciudad lucía muy moderna y magnífica no podía olvidar el detalle de que miles de años atrás uno podía contemplar las cabezas en picas de los enemigos de Inglaterra, cuestiones de poder. Las sensaciones en el puente de Londres son la mezcla de estas dos cosas, modernismo con brutalidad histórica.
Nos dejamos llevar por la ciudad durante varias horas. Viajamos en bus y hasta comimos bien barato en el comedor del ejército de salvación. Luego de ello decidimos ir a la Catedral de San Pablo, segunda Catedral de importancia luego de la de San Pedro en Roma.
Llegamos a la puerta de la catedral y nos dimos cuenta que el lugar estaba "ocupado". Occuppy London acampaba en el lugar. Alrededor de 50 carpas todas amontonadas frente a la catedral servían de hogar a ingleses que protestan en contra del des-orden económico actual. Un hombre de traje con la máscara de "V", símbolo característico de varias organizaciones anti-sistema, le daba la impronta que se necesitaba en el ambiente. El hombre miraba confiado y sereno, con las manos en los bolsillos, como si creyera en que el destino iba a decantar por un mundo más justo. En las escalinatas unos adolescentes parecían ensayar una obra de teatro. Si bien no era hablada, unas danzas parecían reflejar la vida de consumo del humano promedio desde una visión crítica. Un hombre joven, con barba y pelo largo, nos ofreció el diario del movimiento. Le dimos unas monedas, agradeció y realizó el intercambio. Luego de contemplar el escenario unos minutos decidimos  recorrer el centro financiero, viejo y actual, ya que Hernán nos decía que la arquitectura de los edificios era para admirar. Dimos vueltas en círculos un par de horas. Le preguntamos a unos hombres de negocios que sonreían irónicamente al ver el diario de "Occuppy", nos daban indicaciones pero lo cierto es que nunca llegamos.Cómo solo íbamos a estar una noche decidimos retomar la marcha.
Nos dirigimos a Piccadilly Circus. Al llegar las luces nos encandilaron. Muchos pero muchos jóvenes posaban, charlaban, reían, se sacaban fotos y pasaban el tiempo. Nos maravillamos un tiempo con las luces y entramos a una tienda a comprar recuerdos. El que atendía la tienda nos confundió con españoles. Cuando le dijimos de donde eramos nos miró con total indiferencia, sorpresivo por la batalla mediática que creemos tener (los argentinos) por el tema Malvinas.
Salimos y emprendimos viaje al barrio Chino. Caminamos por él unos minutos. Seguimos por Covent Garden y su mercado y llegamos a un teatro lleno de gente. Nos acercamos a un muro donde la gente ponía lo que quería con tiza. Dejamos los mejores deseos y volvimos nuevamente al Underground.
A las 19 hs. en la estación de Paddington nos esperaba Analía, con la cuál cenaríamos. Y muy puntual allí estaba ella. Caminamos un buen tiempo por la orilla del Támesis hasta que decidimos ir a un bar a cenar. Debo decir que los bares son como los muestran en las películas. De un tenue un poco más oscuro, el lugar se encontraba repletos de oficinistas disfrutando de la hora feliz. Pedimos la comida, algunos se atrevieron al famoso "Fish and Chips", yo decidí un carré de cerdo con una salsa agridulce. Nuestro mozo, un hombre muy simpático de Georgia nos contó lo difícil que fue separarse de su tierra pero destacaba que la ciudad acoge bien a los extranjeros. Hablamos del fútbol entre otras cosas hasta que nos trajo la cuenta.
Dimos unas vueltas más por la ciudad hasta que volvimos a nuestra base en Paddington. Caímos rendidos en nuestra cama después de un Londres sumamente intenso.

2 comentarios:

Hernan Piñera dijo...

gracias por lo de guía de turismo de lujo.

Iván Yubero dijo...

Mi código de ética me impide mentir. Abrazo!