11.10.15

Así habló Zaratustra

Llegó Zaratustra a su hogar luego de un día agitado de trabajo. Dejó el bolso en el suelo y tiró el saco arriba de una silla. Se sirvió un trago, se aflojó la corbata y se tiró pesadamente en su sillón. En esa posición, como formando una cruz con sus brazos bien abiertos posó su mirada al techo. Mantuvo unos largos y silenciosos minutos esa pose y luego, súbitamente, tomó su computadora y se puso a escribir:


"Luego de varios milenios debo decir que las vicisitudes de la vida me han despojado del camino sinuoso. Tengo casa propia, un automóvil, viajes al exterior pero perdí algo mucho más importante: Lo propio. Con el tiempo la espiritualidad y el encuentro interior se vieron trastornados por la vida en sociedad y su costumbres. Las leyes del hombre decían consíguete una carrera, y lo conseguí, búscate una novia, y la conseguí, comprate casas y autos, y los tuve, Viaja a Europa, a la Playa, y visité esos lugares. Lentamente el tiempo, que antaño me había sido completamente ajeno, empezó a pesarme en el alma. Los días se convirtieron en una sucesión de hechos y "el planear la vida" empezó a atraparme con sus tentáculos negros como la muerte. Me convertí en un sonámbulo, soñando despierto y despertándome dormido. Los años pasaron, mi cuerpo, que antes vivía cada momento como una danza con el espacio se resintió, se hizo duro como la piedra. Mi corazón, temeroso, dejó de latir tan libre como lo hacía. ¿Qué es lo que ocurre entre latido y latido? Esa milésima de segundo es un instante que puede ser interminable. La cantidad de latidos que un ser vivo a lo largo de su vida es de 200 millones. Si el corazón pensara en volver a latir, como nosotros muchas veces pensamos temerosamente antes de actuar ¿que sería de la vida? Un acto meramente calculado, medido, perfecto. Los colores se cambiarían a gris, blanco y negro. Todo sería una marcha, ordenada, sincronizada, afinada...

Y Zaratustra de repente vio que una mariposa se posaba en el cantero de su ventana . Esta, de muchos y diversos colores parecía mirarlo. Estuvieron los dos seres inmóviles, contemplándose por unos segundos el uno al otro. Casi al mismo tiempo, la mariposa voló; y Zaratustra se paró y se dirigió a su guardarropa. Tomó sus trajes, sus camisas, sus zapatos y apiló todas las prendas una arriba de otra. Las rocío de alcohol y con un encendedor las prendió fuego. Cuando la última prenda parecía consumirse pateó el fuego hasta apagarlo. Tomó un libro, sus gafas, guardó dos o tres cosas más en su morral y se dirigió a la puerta. Contempló su casa, como si lo viera por última vez y salió.
Tomó el primer autobús que salía de la terminal y al largo de unas horas vio que las luces de la ciudad iban quedando lejos. Luego el camino, la oscuridad y los ruidos del rodado fueron sus únicos compañeros. Tiró el respaldo para atrás, se recostó posicionando su brazo por detrás de su cabeza y una sonrisa fue el último evento de ese largo, difícil, pero liberador día...

"Nadie es más esclavo, que el que se tiene por libre sin serlo"


1 comentario:

Frodo dijo...

¡Cóssmicoo!
Se ve que cierta obra de teatro caló hondo en cierto Zaratustra.
¿o la idea ya flotaba desde antes?
Abrazo!