Paranoia
Aquí les traigo un corto muy cómico. Es para reflexionar sobre la diferencia mínima que existe entre tomar recaudos y la paranoia total.
Los motivos por los cuales llegamos a tener tanto miedo son otro motivo de posteo.
Hasta la próxima!!
सगरमाथा
¿Que hacer cuando de repente sientes que no posees las riendas de tu destino? ¿Que hacer cuando ya nada de lo que te rodea te parece relevante? ¿Que hacer en esos momentos de melancolía pura e infinita? ¿Se puede bucear dentro de uno y buscar respuestas? ¿Encontraremos más preguntas? Parece que todo me parece aburrido, lo sé. Peco de completo desinterés. Es siempre más fácil para mí hablar de las cosas que no me gustan, o cuando me siento de esta manera, sin rumbo. Algunos dicen que hay cosas peores que no tener una meta. Por ejemplo, conseguirla. Por ejemplo, no conseguirla. Cíclicamente me siento aburrido y predecible, ¿A ustedes les pasa? ¿Han sentido alguna vez que ya tienen techo? ¿Han sentido alguna vez que el techo se derrumba y les aplasta la cabeza? Son dos sensaciones encontradas. Por un lado tenemos al hombre que se siente que lo ha conseguido todo. Este hombre sufre el mal de la conformidad. Mira hacia atrás sabiendo que alcanzó la montaña pero se inclina a una fatal pregunta. ¿Y ahora qué? Por otro lado tenemos al hombre que sigue escalando pero que se da cuenta de que sus músculos están completamente fatigados. Y se deja caer. Y mientras va cayendo se pregunta si no hubiera podido seguir escalando para llegar a la cima. Se dice a sí mismo que todavía le quedaban un poco más de fuerzas. Igual de infelices son ambos hombres. Uno por llegar a lo que quizo, el otro por no haber tenido las agallas para seguir luchando. ¿Estos dos hombres tienen angustias diferentes? ¿O la angustia es una sola tanto para el triunfador como para el vencido? Personalmente si me preguntan la angustia es nada más ni menos que la angustia. Lo que cambia es el origen y las consecuencias que puede tener el sentir angustia.
En el segundo caso mencionado puede darnos verguenza no haber podido seguir escalando. En el primer caso sólo se escucha un sollozo. Tristeza y alegoría al bello camino que se terminó. Si me dan a elegir prefiero estar en los pies del primer hombre. Siempre hay montañas más altas que escalar. Por otra parte, para el hombre de la segunda clase debo decir que siempre se puede volver a empezar todo de nuevo.
Tomen su pico, sus botas de alpinismo y vuelvan a escalar.
Como dice un viejo proverbio chino: "Llegado el carro al pie de la montaña , se encontrará infaliblemente el camino".
Carta abierta para la Argentina del 2009...
Publicado por Ψ . ψυχή . Ψ | 19:58 | Cartas | 0 comentarios »Astaroth
Veo los noticieros, veo a la gente, a la gente rica, pobre, de clase media, trabajadora no trabajadora. Veo los medios, veo a los noticieros, periodistas, gente mediática, gente común. Veo las protestas, las que están a favor del gobierno, en contra, de apoyo, de repudio, pidiendo trabajo, pidiendo planes sociales. Veo a toda clase de políticos, del oficialismo, de la oposición, de izquierda, derecha, de centro, corruptos, no corruptos. Veo las quejas, en contra de los políticos, en contra de los pobres, en contra de los ladrones, en contra de los medios, en contra de los transportes, en contra de los servicios.
Después de ver todo esto, lo que no estoy viendo es adonde apunta todo esto. No veo ningún objetivo claro como país. Se habla de nosotros y ellos pero en el fondo me parece que siempre se trata de la palabra "yo". "yo" es lo que más importa hoy por estos días. No se adónde vamos a parar. No se por qué los políticos se pelean. No se por qué la gente se pelea. No se por qué todo parece funcionar tan mal. O mejor dicho sí se, porque hay miedo. Miedo a que te asalten, miedo a no tener trabajo, miedo a llegar tarde al trabajo. Y el miedo trae bronca, y la bronca violencia. Y los medios dicen reproducirlo, pero lo que hacen es aumentarlo. Y la bola de nieve empieza a crecer. No importa quién la pateó en la cima de la montaña. Sólo importa que sigue creciendo y no podemos pararla. Sigue el bullicio. Y los pobres piden mano dura contra más pobres. El pobre laburante quiere matar a trompadas al que corta calles. No lo justifico, sólo digo que todos nos queremos a matar a trompadas. Sea pobre, rico, alto, bajo, trabajador, desocupado. Todos nos queremos CAGAR A TROMPADAS. Y todo sigue y nadie para la pelota. Los pibes salen a la calle y es mejor enborracharse que estudiar. En el subte nos apretujamos lo suficiente como para sentir que todo es una molestia, una incomodida. Y eso nos produce violencia. He visto un sinfín de hechos que no llegaron a los golpes por un pelo. Esto retrata a la perfección como se encuentra la sociedad argentina.
Nos han ido apretujando de a poquito a todos, nadie sabe por qué. Cuando ya llegamos casi a la asfixia sentimos bronca. Y como sentimos bronca tenemos que exteriorizarla. En ese vagón no hay nadie más que el de al lado. Es mejor desfigurarle la cara antes que volverme a casa sintiendo que no encontré responsable. Cuando me pongo a buscar el responsable me miro al espejo y pienso. ¿Quién tiene la culpa? ¿El dueño de la empresa? ¿El chofer? ¿El imbécil que entra empujando? ¿El imbécil que suspira cuando sin querer le rozo el hombro? ¿O yo? ¿Yo que me quedé calladito mientras el vagón se iba llenando con el pasar de los años?
Ahora nadie votó a Menem y seguramente en un futuro nadie votó a Cristina. Pero la queja sí que sube. ¿Quién tiene la culpa? ¿Vos? ¿Yo? ¿Todos?
La pelota de nieve tiene que parar, y no va a parar con quejas necesariamente. Va a parar cuando nos replanteamos, no desde la bronca y el prejucio, sino desde el intelecto y la resolutividad de problemas. No desde la calentura, sino desde la mente fría que analiza como frenar la crisis que vivimos. Si estás pensando "¿quién nos salva?" lamentablemente te lo tengo que decir. No, no va a venir un tipo milagroso para sacarnos las papas del fuego. Un solo tipo casi divino no puede hacer nada con los problemas que enfrentamos. El caos lo tenemos que resolver todos. Algunas cosas tenemos buenas y otras para resolver.
¿Quién puede resolverlo? ¿Vos? ¿Yo? ¿Todos?
Τύχη
Parecería ser que el año se asemeja a una estructura vertical. A medida que llega el fin de año parecemos estar cansados como si el transcurso del tiempo se pareciera a una montaña, y con cada paso cuesta arriba, el cansancio se hiciese mayor. Es fácil sentirse estancado a esta altura del año. Los planes que uno tiene van llegando a su fin y pareciese que para comenzar otro, debiera uno esperar al año que viene. Me niego rotundamente. La capacidad inmanente del ser humano de autosuperación grita dentro mío. No es mi deber el de sentirme estancado, pero es algo cíclico. Algo que me carcome, como una especie de reinicio emocional. Afuera llueve, adentro sólo hay silencio.
Truenos se agolpan en el paisaje, en el interior sólo silencio. Hace tiempo que no meditaba sobre el ser humano, probablemente porque perdí interés. Es como si esas voces en mi interior, que por cierto son solo metafóricas, se hubieran callado. El niño pregunton yace dormido, y eso amerita una pregunta, ¿Por què? ¿Acaso se ha perdido la magia llamada curiosidad? O es sólo un estadío, similar al otoño gris o a la colorida primavera. Todo pasa, inclusive el frío.
Comienzan a caer unas gotas, creando los últimos charcos de fin de año.
Selva negra: Parte III...
Publicado por Ψ . ψυχή . Ψ | 20:27 | selva negra (novela corta) | 0 comentarios »
Los verdes campos se mostraban apacibles. Un par de vacas corrían por la pradera. Mi compañero de asiento me pedía un cigarrillo. “Ich rauche nicht” le contesté. Era un joven rubio, alto y de unos claros ojos verdes. Su nombre era Reinik, Christian Reinik. Me preguntaba sobre el lugar adonde íbamos. Le respondía que sabía poco y nada. Estábamos todos expectantes. Si bien escuchamos muchos rumores, no sabíamos con certeza lo que nos íbamos a encontrar. Los compañeros de atrás sonreían y hacían chistes en contra de los euréos.
Los euréos eran considerados enemigos públicos del régimen. Se los responsabiliza de la crisis que azotó a mi país durante años anteriores. Si me preguntan a mí, no creo que sea como lo describen. Cuando era niño tenía un amigo de raza euréa. Era buena persona. Sus padres me invitaban todos los viernes a cenar y su comida era sencillamente deliciosa. No volví a verlo porque su familia decidió irse del país cuando nuestro líder tomó el poder.
Era ya de noche, el paisaje en movimiento parecía orquestado. El pasaje, casi irreal, invadía mi alma de añoranza.
La noche parecía estar preparada para ser contemplada. Podía disfrutar un cielo estrellado. Recordé los momentos con mi padre, sus historias y las últimas palabras que me dijo. Quería ser el mejor. La manera en que las pronunció me inflaba el pecho. Mucho tiempo después entendí el verdadero sentido de lo que me dijo. Dormí poco, la ansiedad me mataba. Jugaba con mis manos y hasta contaba los letreros que pasaban.
Cuando caminaba para el vagón no pude evitar escuchar la conversación de dos soldados. Describían exactamente lo que nos esperaba al llegar.
Θησεύς
Hace miles de años, la isla de Creta era gobernada por un famoso rey llamado Minos. Eran tiempos de prosperidad y riqueza. El poder del soberano se extendía sobre muchas islas del mar Egeo y los demás pueblos sentían un gran respeto por los cretenses.
Minos llevaba ya muchos años en el gobierno cuando recibió la terrible noticia de la muerte de su hijo. Había sido asesinado en Atenas . Su ira no se hizo esperar. Reunió al ejército y declaró la guerra contra los atenienses.
Atenas, en aquel tiempo, era aún una ciudad pequeña y no pudo hacer frente al ejército de Minos. Por eso envió a sus embajadores a convenir la paz con el rey cretense. Minos los recibió y les dijo que aceptaba no destruir Atenas pero que ellos debían cumplir con una condición: enviar a catorce jóvenes, siete varones y siete mujeres, a la isla de Creta, para ser arrojados al Minotauro.
En el palacio de Minos había un inmenso laberinto, con cientos de salas, pasillos y galerías. Era tan grande que si alguien entraba en él jamás encontraba la salida. Dentro del laberinto vivía el Minotauro, monstruo con cabeza de toro y cuerpo de hombre. Cada luna nueva, los cretenses debían internar a un hombre en el laberinto para que el monstruo lo devorara. Si no lo hacían, salía fuera y llenaba la isla de muerte y dolor.
Cuando se enteraron de la condición que ponía Minos, los atenienses se estremecieron. No tenían alternativa. Si se rehusaban, los cretenses destruirían la ciudad y muchos morirían. Mientras todos se lamentaban, el hijo del rey, el valiente Teseo, dio un paso adelante y se ofreció para ser uno de los jóvenes que viajarían a Creta.
El barco que llevaba a los jóvenes atenienses tenía velas negras en señal de luto por el destino oscuro que le esperaba a sus tripulantes. Teseo acordó con su padre, el rey Egeo de Atenas, que, si lograba vencer al Minotauro, izaría velas blancas. De este modo el rey sabría qué suerte había corrido su hijo.
En Creta, los jóvenes estaban alojados en una casa a la espera del día en que el primero de ellos fuera arrojado al Minotauro. Durante esos días, Teseo conoció a Ariadna, la hija mayor de Minos. Ariadna se enamoró de él y decidió ayudarlo a Matar al monstruo y salir del laberinto. Por eso le dio una espada mágica y un ovillo de hilo que debía atar a la entrada y desenrollar por el camino para encontrar luego la salida.
Ariadna le pidió a Teseo que le prometiera que, si lograba matar al Minotauro, la llevaría luego con él a Atenas, ya que el rey jamás le perdonaría haberlo ayudado.
Llegó el día en que el primer ateniense debía ser entregado al Minotauro. Teseo pidió ser él quien marchara hacia el laberinto. Una vez allí, ató una de las puntas del ovillo a una piedra y comenzó a adentrarse lentamente por los pasillos y las galerías. A cada paso aumentaba la oscuridad. El silencio era total hasta que, de pronto, comenzó a escuchar a lo lejos unos resoplidos como de toro. El ruido era cada vez mayor.
Por un momento Teseo sintió deseos de escapar. Pero se sobrepuso al miedo e ingresó a una gran sala. Allí estaba el Minotauro. Era tan terrible y aterrador como jamás lo había imaginado. Sus mugidos llenos de ira eran ensordecedores. Cuando el monstruo se abalanzó sobre Teseo, éste pudo clavarle la espada. El Minotauro se desplomó en el suelo. Teseo lo había vencido.
Cuando Teseo logró reponerse, tomó el ovillo y se dirigió hacia la entrada. Allí lo esperaba Ariadna, quien lo recibió con un abrazo. Al enterarse de la muerte del Minotauro, el rey Minos permitió a los jóvenes atenienses volver a su patria. Antes de que zarparan, Teseo introdujo en secreto a Ariadna en el barco, para cumplir su promesa. A ella se agregó su hermana Fedra, que no quería separarse de su hermana.
El viaje de regreso fue complicado. Una tormenta los arrojó a una isla. En ella se extravió Ariadna y, a pesar de todos los esfuerzos, no pudieron encontrarla. Los atenienses, junto a Fedra, continuaron viaje hacia su ciudad. Cuando Ariadna, que estaba desmayada, se repuso, corrió hacia la costa y gritó con todas sus fuerzas, pero el barco ya estaba muy lejos.
Teseo, contrariado y triste por lo ocurrido con Ariadna, olvidó izar las velas blancas. El rey Egeo iba todos los días a la orilla del mar a ver si ya regresaba la nave. Cuando vio las velas negras pensó que su hijo había muerto. De la tristeza no quiso ya seguir viviendo y se arrojó desde una altura al mar. Teseo fue recibido en Atenas como un héroe. Los atenienses lo proclamaron rey de Atenas y Teseo tomó como esposa a Fedra.
Fuente: luventicus.com

